Amaneceres

Amaneceres

Y es esta noche cuando salgo que me doy cuenta de que ya no me importa una mierda el tamaño de las tetas de una mujer, y me importa muy poco su habilidad para bailar y mover sus cuerpos. Me doy cuenta de que por muchas cervezas que me haya tomado me es muy difícil aguantar al borracho de turno, y que la noche está llena de conversaciones banales que se pierden en el universo de las lagunas mentales.

Caigo en la cuenta de que todas estas horas son casi perdidas, y de que el abanico de mujeres que me gustan se ha reducido tanto que prefiero venirme a mi habitación a escribir que perder mi tiempo con esas que ni me vienen ni me van. Tomarme otra cerveza ya no convierte a un ser en más apetecible, ni me hace perder el control, sino darme cuenta de que hay verbos o acciones que ni me hacen gracia ni me entusiasman, o cuyo significado directamente no entiendo (y cuánto me gusta no entender las modas y estar cada vez más alejado de ellas), que las gracias de siempre las tengo demasiado vistas y me aburren. Veo la superficialidad y el aplastante ego que al alcohol despierta, y el alma podrida detrás de cuerpos de sirena. A mi ellas ya no me engañan.

Nuevos años cumplidos se acercan cabalgando y me da la sensación de que mucho he vivido en el mundo de la noche, y que la gente que más vale difícilmente la voy a encontrar entre copa y copa. Que hay mucho que hacer en este mundo que tan mal funciona como para perder mi tiempo escuchando gilipolleces, creo que todos debiéramos filtrar lo que escuchamos y huir rápidamente cuando lo que entra por nuestros oídos es peor que lo que sale de nuestro ojete.

Adiós, amigos de una triste noche, me reúno con Morfeo, porque el Sol saliendo y el silencio del amanecer tienen mucho más que transmitirme que este patético mar de burbujas etílicas. Adiós, culos y tetas, el mundo de las curvas ya no es el mundo en el que yo vivo. Hoy me doy cuenta de que prefiero el sentimiento y una lágrima bien derramada que una sonrisa fingida. Que prefiero sentir el tacto de las yemas de mis dedos recorriendo mi brazo que la cálida o fría mano de una mujer a la que realmente no deseo. Adiós, lujuria. Adiós, autopistas. Adiós, pelmazos. Adiós, borrachos. Hola, amaneceres, hola anhelos.

Sauce
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