Bullet

Bullet

 

“Made like a gun, goes like a bullet”. El conocido slogan de la fábrica de motos  Royald  Enfield, fundada en Inglaterra en 1909, deriva de su ocupación original como suministradores de piezas para el rifle Lee Enfield que equipó a los británicos en las dos grandes guerras.  En 1970 la compañía inglesa desapareció pero la producción de las Royal Enfield  Bullet continuó en la India, de forma independiente.  Se trata del vehículo de dos ruedas más emblemático de la India y Nepal y su diseño prácticamente inalterado desde 1949, hace que sea el modelo más longevo en producción de la  historia del motociclismo.

 

En la  cima del mundo, Nepal, la organización “Hearts and tears” ofrece  recorridos en estas motos  a través de algunas de las rutas más impresionantes del planeta. Nos embarcamos en la aventura.

 

 

 

Matt, el fundador de la empresa, es un emprendedor australiano que decidió dedicarse a su gran pasión: las motos y el asfalto. Tras un año como voluntario en Nepal, descubrió el potencial de la inversión privada relacionada con el turismo como motor para contribuir al desarrollo de este magnífico país. El entusiasmo con el que habla de Nepal y del recorrido que nos espera se transmite a todos.

 

Tras un copioso desayuno, al amanecer del día siguiente de nuestra arribada, estamos preparados para la travesía . Las motos nos esperan en fila con los motores calientes. En el jeep, que nos seguirá en el recorrido es cargado nuestro equipaje y se nos presenta el mecánico, que conducirá a la cola del grupo en su Royal Enfield personalizada, dispuesto a echarnos una mano con cualquier imprevisto que pueda surgir. Desde el primer momento se ve reflejada en él y sus compañeros la experiencia y buen hacer.

 

Un pequeño circuito por Pokhara nos basta para habituarnos a nuestras motos de 350 y 500 cc. El grave rugido de los catorce motores levanta todas las miradas. Una gran sonrisa se dibuja en los rostros de todos los participantes cuando nos explican el recorrido de hoy: durante el primer tramo podremos disfrutar de la soberbia vista de la cordillera del Himalaya, continuando con un divertido tramo off road para evitar el tráfico de salida.

 

 

La emoción de la conducción, alimentada por los continuos estímulos que la carretera nos ofrece, es embargante. Por nuestro camino cruzan yaks, cabras, viandantes despistados y otros obstáculos de todo tipo que con motos tan maniobrables y la obvia prudencia se sortean facilidad. La primera parada está cargada de euforia, risas y manos que se chocan entre sí felicitándose. Ahora sí que sabemos lo que es conducir por Nepal, y contamos los minutos para volver a arrancar unas motos tan singulares.

 

Después de una jornada única para todos los integrantes del grupo,  llegamos a Bandipur. Se trata de un precioso pueblo muy bien conservado que se encuentra a poco más de mil metros de altura y que en su día fue un importante centro de comercio entre Tibet e India. Unas cervezas como recompensa por los kilómetros recorridos y una espectacular cena en el hotel Old Inn nos esperan. Después de un día conduciendo juntos, da la impresión de que nos conocemos de toda la vida y la conversación fluye espontánea con las numerosas y divertidas anécdotas de nuestro recorrido.

 

A la mañana siguiente damos un paseo por el pueblo y disfrutamos de una de las mejores vistas del recorrido. Un mar de nubes posa debajo de Bandipur, cubriendo con delicadeza las cordillera del Mahabharat. Un inicio de calma para un día cargado de acción en la carretera. Esta vez nos toca sortear camiones mientras hacemos rutas de montaña para llegar al majestuoso parque nacional de Chitwan.

 

 

Nos llevamos una gran alegría al llegar al hotel Sapana. Como ya nos habían avisado, se trata de un lugar muy especial donde cuidan hasta el último detalle. Nos reciben con unos zumos naturales y una gran sonrisa. La amabilidad de los nepalíes es proverbial. A continuación nos presentan los menús, donde nos dan a elegir entre una enorme variedad de platos a la carta. “Estaréis muy hambrientos, así que por favor elegid al menos dos platos”.

 

El amanecer en Chitwan es muy inusual y mágico. El paisaje de los alrededores del hotel se cubre de una neblina que junto al Sol tiñe el lugar de una particularísima luz naranja. La luna llena aún puede verse, y entre los lejanos árboles contemplamos varios elefantes cargando con grandes ramas que los locales utilizarán para la construcción.

 

En el transcurso de la mañana conducimos de forma relajada y divertida, conservando  energías para el safari que nos espera durante la tarde. La reserva de Chitwan es uno de los últimos refugios del tigre de bengala, y cuenta con alrededor de doscientos ejemplares de esta especie, descendientes de tan solo veinticinco que fueron los restos que dejó la caza intensiva en los años sesenta. Gracias a parques como Chitwan, en 2016 se ha tenido la esperanzadora noticia de que tras cien años de declive hasta límites extremos, la población mundial de tigres en libertad, de poco más de cuatro mil ejemplares, creció ligeramente.  Tenemos la suerte de cruzarnos con un rinoceronte asiático apenas a diez metros de distancia, que nos mira con incredulidad mientras le fotografiamos sin tregua. Desgraciadamente, a pesar de los esfuerzos conservacionistas, este pacífico y fantástico unicornio continúa sufriendo la inmisericorde presión de la caza furtiva el interior de los parques.

 

 

Una noche adicional de descanso en el Sapana se convierte en plan alternativo,  decisión acertada para cargar baterías de cara a los siguientes dos días de carretera. Al levantarnos tenemos listos los excelentes desayunos junto con una primorosa cesta de regalos hechos por los niños de la localidad. Entonces conocimos la bonita y edificante historia del hotel: El propietario y fundador, Darshan Rawal,  trabajaba como camarero en un establecimiento cuando conoció a una pareja de alemanes que, tras establecer una relación de confianza con él,  le preguntaron por la naturaleza de sus sueños. Este les habló sobre la enorme deficiencia de escolarización en su pueblo, y lo mucho que le gustaría levantar una escuela que pudiese dar oportunidades futuras a los niños. Medio año después recibió una carta de esta pareja con un cheque, dándole la oportunidad de hacer sus sueños realidad. Gracias a este dinero pudo construir el hotel, de donde obtuvo fondos suficientes para crear la escuela y mantenerla a día de hoy.

 

Después de una larga jornada de trayecto llegamos a Tansen, donde todavía queda algo de luz al instalarnos en el hotel Srijana Farm, todo un lujo dadas las vistas de la puesta de Sol entre las montañas. La suculenta cena compuesta de alimentos orgánicos de la granja del establecimiento es algo que siempre recordaremos, especialmente la calidad de su queso y miel. Todos estos placeres unidos a la hospitalidad de su propietario nos dejan muy buen sabor de boca y de alguna forma compensan el sentimiento de saber que tan solo nos queda un día en esta apasionante aventura.

 

 

 

Después de cinco días sobre dos ruedas nadie tiene ganas de volver a aparcar la moto en el lugar donde la cogió. Parece demasiado aburrido volver a conducir en carreteras del primer mundo y dejar de escuchar el ronroneo del motor de nuestras compañeras de viaje. Pensamos sin embargo en todo lo ganado y nos dejamos llevar por la felicidad de haber completado el trayecto.

 

El viaje de grupo en una moto segura y tranquila en un país como Nepal,  tiene la cualidad de permitir descubrir de la forma más cercana el variopinto flujo lleno de vida que existe en sus carreteras y caminos y que pasa desapercibido para otros visitantes. La excelente organización de la cual disfrutamos aseguró los recorridos más interesantes en lo referente a los paisajes, lugares y sus habitantes y también en cuanto al alojamiento y la gastronomía. Finalmente, el compartir una experiencia única como esta  tuvo la cualidad particular en nuestro caso de crear de manera natural un nexo de camaradería y amistad entre personas de muy distintas procedencias y edades, que todos hemos celebrado.

 

 

 

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