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Carta a un alma desconocida

 

 
Es mi fin con este escrito mostrarte que ligeramente me considero digno de algún día crearte. Quiero ser poeta para sentirme digno de merecerte. Pasar más tiempo a solas para pacientemente descubrir quien soy y algún día transmitirte cuanto he aprendido hoy. Voy a mostrarte que este mundo está repleto de personas de gran corazón y te enseñaré a pensar en los demás: un acto bello, justo y noble, como tú lo serás. Voy a caminar a tu lado y también caeré contigo cuando lo hagas, pero te enseñaré a levantarte rápido y con fuerza y juntos nos reiremos cuando volvamos a tropezar. Querrás cuentos e historias y por ello los colecciono ahora que aún no estás, para ver tus ojos sonreír mirando al cielo e imaginando la vida entera de aventuras e ilusiones que te queda por vivir. Tú me enseñarás a jamás olvidarme que la magia está en todas partes, siempre disponible para los curiosos exploradores que mantienen la mente abierta y la mirada curiosa y despierta. Voy a redescubrir este mundo mientras tú lo descubres por primera vez. Seremos astronautas y viajaremos a lejanos planetas, seremos dinosaurios que estiran su largo cuello para comer tiernas hojas de los árboles más sabrosos. Seremos navegantes y gritaremos «¡Mar a la vista!», porque nos habremos ido muy lejos, allá donde solo se escucha el viento y el mar, y al caer la noche se ven cielos tan claros que las estrellas fugaces caen a centenares. Siempre tendré una respuesta para tus preguntas y cuando yo no sepa te diré: «Para ser sincero, no lo sé», y juntos lo investigaremos. Aquí no encuentro el punto y a parte porque todo sigue, tengo tanto que contarte. De esto puedes estar seguro: yo jamás te mentiré, ni mucho menos te castigaré. Te enseñaré a hacer el bien y descubrirás que este luminoso camino está lleno de hermosas flores que aprenderás a reconocer cuando pasen cerca tuya. Ay los lindos animales, nuestros pequeños hermanos, te mostraré nuestra labor: cuidarlos, quererlos y respetarlos. Descubrirás que el más grande es quien va a pie, no el que monta al elefante. Y si quieres más altura, sube a mis hombros y trotemos. Y si quieres ser salvaje, en el barro nos revolcaremos y con nuestras caras sucias nos daremos un paseo y gritaremos ¡LIBERTAD!, y le diremos a la gente que ya basta de máscaras para después golpearnos el pecho como gorilas. Sonreiremos, oh, cuánto sonreiremos y cuántas lágrimas de divertida risa vamos a saborear. Ñam. Porque las sonrisas importan mucho y las cosas importan poco. Las cosas importan poco y las personas importan mucho. El amor importa mucho y los problemas a nosotros nos importan bien poco, porque no es mucho el tiempo que tenemos y mucho mejor sonreír, ayudar y amar con pasión que derrochar minutos preocupados por problemas que al final encuentran siempre su solución. Hij@ mi@: desconozco si el día llegará en que existas y tengas la oportunidad de leer estas líneas que desde el corazón te escribo. Como (quien sabe) pudiera ser así, hay algo que quiero contarte. A tu madre la elegí (creo aún no conocerla), para así la lección más importante con mi ejemplo enseñarte… escoger sabiamente de quien te rodeas es mi consejo, mi mayor secreto y mi deseo: que también sea tu arte.