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El llanto del elefante

Soñaba con volar. Una vida entre rejas sin poder explicarse por qué. Hermanos, volad libres, yo cantaré celebrando la vida de quien le ha sido otorgado el derecho a vivirla. Dejaros llevar por el viento, yo imaginaré la sensación de la corriente bajo mis alas, de volar muy alto y alejarme de este incomprensible planeta. Otras aves pasaban y él agitaba sus pequeñas alas deseando cortejar. Soñaba con ser padre, con ser amado y poder también amar. 
 
¿Nos creemos que el pájaro que tenemos recluido en una jaula es nuestro amigo? Pensémoslo bien. ¿Teniéndolo atrapado queremos su felicidad o es la nuestra?. Pensemos en el pez que mantenemos en la pecera, unos míseros litros de agua que suponen todo el espacio en el cual nadará en su vida. ¿Ha nacido para ello? ¿Le hacemos algún bien comprándolo o lo estamos comprando tan solo para decorar nuestra vivienda? ¿Es un pez un elemento decorativo? Si lo es un pez, también podría serlo un tiburón, que también un pez que puede ser más grande pero no necesariamente más inteligente. ¿Podría serlo un mamífero? Claro, hay quien tiene a un conejo en una jaula. Si lo es el conejo, también podría serlo el zorro, o el oso hormiguero, el mono o.. ¿tal vez un ser humano?, al fin y al cabo es también un mamífero que piensa un poco más. ¿Podemos meter a un ser humano en una jaula para decorar nuestra casa? Qué barbaridad. ¿Verdad?. Pues hace no mucho tiempo se hizo en el mismo parque del retiro de Madrid, exponiendo a los negros en jaulas. Hace no mucho tiempo que se «abolió» la esclavitud, otro tipo de encarcelamiento injustificado… y lo pongo entre comillas porque cientos de miles de seres humanos siguen siendo esclavos en nuestros días. Si la sociedad progresa a nivel moral, como espero que ocurra, el ser humano del futuro verá al contemporáneo como un verdadero bárbaro con poca conciencia y empatía, verá nuestros años como aquellos en los cuales la población animal mermó hasta alarmantes niveles y se extinguieron muchas de sus especies. Los años en los que desaparecieron los bosques y se contaminaron las aguas de las que viene toda la vida. 
 
Ha pasado menos de un siglo desde la segunda guerra mundial. Miles de películas y libros se han creado en torno a este triste suceso para recordarnos que una gran mentira maquillada puede engañar al ser humano hasta tal punto que sea capaz de matar a los de su misma especie sólo por tener rasgos distintos, por pertenecer a otras razas. A esta horrible práctica se le llama racismo y por desgracia sigue estando más extendido de lo que nos hacen creer. Muchos de los que han visto y leído estas obras lloran al hacerlo cuando al día siguiente son perfectamente capaces de entrar a un zoológico, subirse a un elefante asiático, un camello en el desierto o una carroza tirada por caballos famélicos. Es mi deber indicar que este otro mal, igualmente horripilante, tiene también nombre: se llama especismo. Ningún animal ha nacido para servir al hombre y ningún hombre ha nacido con el derecho a esclavizar a sus hermanos animales. Siendo el eslabón más alto de la cadena, siendo unos animales tan inteligentes con la capacidad de influir tanto en el desarrollo de la naturaleza, tenemos el deber moral de cuidar de las especies que pueblan este mundo que compartimos. Si analizamos a cualquier mamífero veremos que compartimos prácticamente todo, por tanto no consigo explicarme que haya personas que crean en la existencia del alma humana y que piensen que en un animal no existe. Cualquiera que haya convivido con un perro sabrá de lo que hablo: estos seres son capaces de transmitir y entender las emociones humanas de una forma excepcional y basta con mirarles a los ojos para ver que bajo esa piel y huesos lo que hay es bien parecido a lo que nosotros tenemos dentro. Pero volviendo a referirme a todas las especies animales, puedo asegurar que hay algo que tenemos en común: todos huímos del dolor, es algo que ninguna especie quiere en su paso por este mundo.
 
Ningún delfín quiere estar pegando saltos en una piscina para el disfrute de los seres humanos, no os dejéis engañar. La orca es un animal que debe nadar cientos de kilómetros, jamás ha matado a un sólo ser humano en libertad y ha sido capaz de hacerlo en una piscina porque se vuelven locas. ¡¡Normal!! No hay razón que justifique encerrar a un animal y mucho menos la diversión de los humanos. Ningún otro animal de los que se ven en los zoológicos ha decidido estar ahí, ningún pez quiere vivir en una pecera, ningún burrito servir para cargar con peso y ningún caballo pasarse el día en una cuadra o tirando de un carro. Mucho menos quiere un toro sevir para animar las fiestas o para morir en una plaza durante la abominable práctica del toreo.
 
En este preciso instante hay 26000 especies en peligro de extinción. Han desaparecido en los últimos años un 66% de los elefantes africanos, un 30% de los caballitos de mar en Europa y un 80% de los koalas. Un 30% de los anfibios está en peligro de extinción y la población de abejas no deja de disminuir, pudiendo suponer una de las mayores crisis medioambientales. Los expertos han definido esta etapa como la sexta extinción masiva de especies, siendo la última más conocida la de los dinosarios. La biodiversidad se ha recudido un 58% en los últimos 40 años. Lo repito: La biodiversidad se ha reducido un 58% en los últimos 40 años.
 

 

«Una sociedad puede juzgarse por la forma que tiene de tratar al resto de animales», dijo de forma acertada Ghandi. Es curioso cuando nos referimos a una persona como animal. «Es un animal», queriendo decir que se comporta de forma agresiva. El ser humano es el único animal que mata por placer. Somos animales, propongo dejar de diferenciarnos de ellos, comportarnos más como animales y actuar como sus hermanos con la responsabilidad que nuestro privilegiado puesto conlleva.